Santa Teresita del Niño Jesús nació el 2 de enero de 1873 en Alençon, Francia. Hija de San Luis Martin y Santa Celia Guérin, desde pequeña mostró un gran amor a Dios. A los 15 años ingresó al Carmelo de Lisieux, donde vivió una vida sencilla de oración y entrega.
Su espiritualidad se resume en la “Pequeña Vía”, que consiste en confiar plenamente en Dios y hacer con amor las cosas pequeñas de cada día. Murió el 30 de septiembre de 1897 a los 24 años. Su autobiografía, Historia de un alma, difundió su mensaje por todo el mundo. Fue canonizada por Papa Pío XI y declarada Doctora de la Iglesia por Papa Juan Pablo II.
La figura de Santa Teresita marcó profundamente la vida y vocación de Madre María Inés. Ella misma reconoció que la lectura de Historia de un alma no solo le ayudó a descubrir su vocación, sino que fue un medio por el cual encontró a Dios de manera íntima y transformadora.
Madre María Inés deseaba imitar a Teresita en su entrega total, su espíritu de sacrificio y su amor absoluto a Dios. Inspirada por ella, abrazó una vida de contemplación, mortificación y ofrecimiento.
Además, tomó de Santa Teresita el ideal misionero: ofrecer la vida por la salvación de las almas. Como Teresita, entendió que la misión no depende solo de la acción externa, sino del amor ofrecido a Dios en cada momento.
Para las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, Santa Teresita es modelo de vida contemplativa y misionera: enseña que la misión nace del amor, la oración y el sacrificio diario.
Comentario de Monseñor Esquerda acerca de Madre María Inés:
“La figura de Santa Teresa de Lisieux la marcó definitivamente en un proceso de entrega, de contemplación y de misión. Lo afirma ella misma posteriormente al resumir los recuerdos de su vida: «Bien es sabido de muchas de ustedes, hijas, el que si yo ingresé a una Orden de clausura fue por el deseo inmenso de imitar, en la medida de mis fuerzas, a mi santita predilecta: santa Teresita del Niño Jesús, ya que, en la lectura de <<Historia de un alma», no sólo encontré mi vocación, sino a Dios de una manera muy especial en mí, quien por su espíritu me enseñaba momento a momento lo que debía hacer, me llevaba por el camino de la mortificación, de las privaciones y también de penas interiores muy intensas, casi siempre por la causa del deseo inmenso de pertenecerle del todo y no poderlo realizar por las persecuciones religiosas de México».
Algunos escritos de Madre María Inés acerca de Santa Teresita del Niño Jesús:
Folio 438. Y en el cielo, como su santa patrona santa Teresita del Niño Jesús, la misionera después de muerta, derramará sobre la tierra las rosas de sus favores. « Omnia quaecumque voluit Dóminus fecit in caelo, et in terra, in mari, et in omnibus abyssis » (Sal 134, 6).
¡Qué inmenso consuelo para el alma que se consagra al s
San José fue el esposo de la Virgen María y el padre adoptivo de Jesús. La Biblia nos lo presenta como un hombre bueno, justo y trabajador. Era carpintero y artesano, y con su esfuerzo cuidó y sostuvo a la Sagrada Familia.
Su vida nos enseña el valor del trabajo hecho con amor y dedicación, y cómo desde lo sencillo se puede colaborar en los planes de Dios.
San José es patrono de toda la Iglesia, y también es copatrono de nuestra Congregación, las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento. Desde los inicios, Madre María Inés lo eligió como protector de esta obra misionera, confiando en su ayuda y guía para acompañar a los misioneros en su camino.
Hoy seguimos sintiendo su cercanía, su silencio lleno de fe y su protección como padre amoroso.
La Virgen de Guadalupe se apareció en 1531 a Juan Diego, un hombre sencillo y creyente, en el cerro del Tepeyac (hoy parte de la Ciudad de México). Le pidió que se construyera un templo en ese lugar, como muestra de su amor y cercanía con su pueblo.
Desde entonces, la Virgen de Guadalupe es una madre muy querida, especialmente por los pueblos de América Latina. Ella es un símbolo de consuelo, esperanza y ternura para quienes confían en su intercesión.
Para nosotras, las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, la Virgen de Guadalupe tiene un lugar muy especial. El 12 de diciembre de 1930, durante su profesión religiosa, nuestra fundadora Madre María Inés Teresa vivió una experiencia espiritual profunda: sintió en su corazón que la Virgen le prometía acompañarla en su misión y darle las gracias necesarias para tocar los corazones de muchas personas
Desde ese día, María de Guadalupe es nuestra patrona y madre espiritual, y sabemos que camina con nosotras en cada paso de nuestra vocación misionera.
La alegría es una marca que queremos llevar siempre. Nuestra sonrisa no es solo por fuera, es una expresión de lo que sentimos por dentro: una gratitud profunda por ser llamadas por Dios y amadas por Él. Esa alegría brota de sabernos suyas, de saber que nuestra vocación es un regalo.
Para nosotras, Jesús en la Eucaristía lo es todo. Él es quien nos guía, quien nos ama y nos da fuerza. La misa, la adoración, y todo lo que rodea al Santísimo Sacramento es el centro de nuestra vida. Es el alimento que nos nutre el alma y el corazón.
Tenemos un cariño muy especial por la Virgen María. Ella es nuestra Madre, nuestra guía y nuestro refugio. En especial, reconocemos a la Virgen de Guadalupe como nuestra patrona. A Ella le confiamos nuestros sueños, nuestras misiones y la conversión de las almas.
Nuestra forma de ser misioneras no siempre es viajando o predicando con palabras. Muchas veces nuestra misión es rezar, ofrecer sacrificios y estar disponibles para ayudar en la conversión de los corazones. A través de la oración y el servicio, buscamos acercar a las personas al amor de Dios.
Sentimos que Jesús nos invita a seguirlo muy de cerca, como lo hizo en su vida pública, entregándose completamente a los demás. Nosotras también queremos vivir así: dándonos sin reservas y agradeciendo la oportunidad de ofrecer nuestra vida por amor, igual que lo hizo Él. Queremos ser una especie de «ofrenda viva», unidas a Jesús Sacerdote, para el bien de todos.
Avisos