«Te seguiré adondequiera que vayas.» (Lucas 9,57)

Con el corazón lleno de alegría y profunda gratitud a Dios, nuestra Congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento vivió el pasado 15 de agosto una hermosa celebración de gracia: la Profesión Perpetua de nuestras hermanas Ana Gabriela Gutiérrez Cornejo, Erika Janeth Gutiérrez Pérez, Paola Ramírez Padilla y María de los Ángeles Salinas Reynaga.
La ceremonia tuvo lugar en la comunidad de San Felipe de Jesús, Temixco, Morelos, donde nuestras hermanas pronunciaron su “sí” definitivo al Señor, entregando para siempre su vida a Cristo, al servicio de la Iglesia y de las almas, como Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento.

En este día tan significativo, nuestra alegría se hizo también universal, pues nuestras hermanas llegan desde diferentes lugares, unidas por un mismo llamado y una misma misión. Ana Gabriela, Erika y María de los Ángeles llegaron desde Costa Rica, mientras que Paola de España, llevando consigo la riqueza de sus comunidades y el deseo de ofrecer toda su vida por Cristo y por la salvación de las almas.
La celebración fue presidida por la Madre Martha, Superiora General, quien recibió sus votos acompañada por las Superioras Regionales de Costa Rica y España, así como por todo el Consejo General. También estuvieron presentes con gran alegría las hermanas participantes del CONECI y, de manera muy especial, los familiares de nuestras profesas, quienes compartieron este momento de profunda acción de gracias.

La Profesión Perpetua es una entrega total, una alianza de amor con Cristo que se renueva cada día. Es decirle al Señor, con toda la vida: “Tú eres mi todo”. En medio de un mundo que necesita testigos de esperanza, nuestras hermanas han querido responder a la llamada de Jesús con un corazón indiviso, confiando únicamente en su gracia.
Que María Santísima, nuestra Madre y modelo de entrega, acompañe a nuestras hermanas en este camino de fidelidad. Que, como Ella, sepan conservar siempre en el corazón la Palabra de Dios, escuchar su voz y responder con generosidad a cada nueva llamada.
Hoy damos gracias porque el Señor sigue llamando y porque continúa encontrando corazones dispuestos a dejarlo todo para seguirle. Pedimos que el testimonio de Ana Gabriela, Erika, Paola y María de los Ángeles sea semilla de nuevas vocaciones y que muchas jóvenes puedan descubrir la belleza de entregar su vida enteramente a Cristo.

«Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí.»
(Gálatas 2,20)
Que el Señor las conserve siempre fieles a su amor, inflamadas en el deseo de llevarlo a todas las almas y disponibles para la misión que les confíe.
¡Todo por Jesús, María y las almas!