Nuestra Fundadora

28 October 2017
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Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento,  Fundadora de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento y de la Familia Inesiana  tomó como lema "Urge que Cristo reine" inflamada de ardor misionero.

Nació en Ixtlán del Rio, Nayarit, México, el 7 de julio de 1904, y fue bautizada con el nombre de María Manuela de Jesús, siendo sus padres el Lic. Eustaquio Arias Arróniz, y Dona María Espinosa y López Portillo; ambos originarios de Guadalajara, Jalisco. Fue la quinta de ocho hijos.  

En septiembre de 1924, una amiga le prestó el libro de Santa Teresita de Jesús. En la lectura de “Historia de un alma”: “…no sólo encontré mi vocación, sino a Dios de una manera muy especial en mí”

En octubre de 1924, durante el Congreso Eucarístico Nacional, celebrado en Colima, México; Manuelita tuvo un fuerte encuentro espiritual con Jesús Eucaristía, que ella llamó su «momento de conversión»:“Jesús Eucaristía al pasar cerca de mí, dejó caer sobre mi alma una de esas miradas que tienen el poder de conmover, de transformar «Sígueme» no profirieron otra palabra sus labios, y ya el corazón se fue tras él”.

La suspensión del culto público en 1926 pone en su vida, una nota de dolor y de esperanza:”… después de muchas penas interiores, dado el anhelo creciente de mi alma de serle ya toda suya, pude al fin ingresar;  a la comunidad de Clarisas Sacramentarias,  de clausura, que  estaba exiliada en  Los Ángeles, California, debido a la persecución religiosa  en México “.

En 1929 ingresó al Monasterio de Clarisas Sacramentarias, en los Ángeles, California. Al vestir el hábito de la Orden, el 8 de diciembre, le fue dado un nuevo  nombre: María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. El 12 de diciembre de 1930, pronuncia sus votos temporales, en la iglesia misión de Santo Toribio, en Los Ángeles, California, ante una imagen de la Santísima. Virgen de Guadalupe: “Ese día “ella me hizo una promesa... y yo le prometí solemnemente en el fondo de mi corazón que la haría amar del mundo entero…”

Fue Clarisa Sacramentaria 16 años: “ Y fue en este tiempo, en donde se fue madurando más y más mi deseo de ser misionera no solo por la oración y el sacrifico ocultos, sino por el deseo de hacer lo que tanto nos aconseja San Pablo: enviar evangelizadores, a los países de infieles y así conquistar muchas almas para  Dios”.

En 1945 salió a fundar la Congregación de Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento: “Fue para mi alma una garantía muy grande contar con la aprobación de mi superiora y de todo el Consejo de la comunidad. El Excelentísimo señor Don Francisco González Arias obispo de Cuernavaca, al escuchar mis deseos de  fundar una obra misionera, la aceptó desde el primer momento y él envió a la Santa Sede las Preces solicitando el permiso”.

El 22 de junio de 1951, la Santa Sede concede la transformación de Clarisas de clausura en una  Congregación Misionera de Derecho Pontificio, con el nombre de Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, con el Instituto, nace también VANCLAR Vanguardias Misioneras Seglares. Y  llegó el momento de partir en todas direcciones, iniciándose así la serie de fundaciones entre cristianos y no cristianos: “Tómame Señor, como instrumento de tu gloria, y llévame… no te arrepentirás de haberme enviado… quiero hacerte amar, tanto, tanto” permíteme “Llevar la imagen de nuestra Señora de Guadalupe para que Ella, con su ternura maternal, deposite a su Hijo divino en los corazones de tantos hermanos nuestros que tienen hambre de Dios sin saberlo”.

En 1979 fundó también un instituto masculino, los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal: “encomiendo a la  congregación, estas dos ramas de nuestra familia misionera: el grupo de vanclaristas, y los misioneros de Cristo. Todos viviremos unidos en un mismo espíritu para Dios y por las almas.”

La vida misionera de Madre Inés se caracterizó por su fuego misionero, que la hizo traspasar fronteras y tratar con toda clase de personas. Visitó las diferentes misiones, con el fin de alentar, formar y vivificar a sus hijos en el deseo ardiente de santidad  y de la salvación de las almas, concretando el lema: «Urge que Cristo reine».

Por nueve meses aceptó una  dolorosa enfermedad  con un alegre “Fiat” en sus labios y llena su alma de agradecimiento a Dios. El 22 de julio de 1981, después de haber pronunciado las palabras: Sí, gracias a Dios, hemos terminadocerró gozosa los ojos a las realidades de este mundo, para abrirlos a las bellezas eternas.

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