Guadalajara, Jalisco, Mexico

 

Comunidad de Guadalajara

 

Las hermanas Margarita Torres Mier, Celia González y Ana María Arce Zamora,  dieron vida a la nueva fundación, su permanencia en la nueva fundación fue de aproximadamente seis meses, pero propiamente quienes fueron designadas para dar permanecer en este apostolado, fueron: Hna. Margarita Torres Mier por indicación de Nuestra Madre Fundadora para la organización de esta casa, en razón de la experiencia adquirida en el Colegio Mayor Santa Clara en Pamplona. A la hermana Margarita Ceceña aportó gran ayuda en lo que se refiere al trabajo de costura, había que hacer cortinas, forros, manteles, cojines, etc.  Poco a poco se fue dando forma a la casa al estilo de las Misioneras Clarisas, de igual manera dispusieron la capilla, el comedor y la cocina.  En lo referente a la elección de muebles fue Nuestra misma Madre Fundadora quien personalmente ayudó a elegir los más funcionales, de tal manera que pusieron en marcha la residencia lo más pronto posible.

Fue nombrada primera superiora la Hna. Rosa María Prado en el mes de agosto de 1976, para otros oficios las Hermanas Belén López, Josefina Mares, dos postulantes: Cuquita y Sara, además, jóvenes seglares que ayudaban en los trabajos de la casa.

El primer grupo de jóvenes universitarias que se recibieron lo formaron tres del estado de Oaxaca, dos del Estado de Chihuahua, una de Nayarit y Lucha Espinosa, sobrina de Nuestra Madre Fundadora.

Es importante mencionar que en sus inicios, prácticamente el lugar estaba despoblado, exclusivamente a un costado se localizaba la casa de los Padres del Verbo Divino, quienes atendían espiritualmente a las hermanas, celebrándoles la Eucaristía diariamente y un seminarista daba retiros a las jóvenes universitarias.

Cada una de las hermanas con su esfuerzo y su trabajo pusieron de sí lo mejor, sentando de esta forma las bases en este apostolado, y creando en la residencia un ambiente de familia, de estudio y servicio, contribuyendo de esta manera a la formación humana, moral, religiosa y espiritual de las jóvenes, ésta dio respuesta al ideal apostólico que movió a la Madre María Inés para esta fundación.

 

Pasados treinta y un años aproximadamente, a partir de septiembre de 1998, se cierran las puertas de esta casa como Residencia para Jóvenes con el fin de responder a otras necesidades que surgen en la Congregación: la adecuada atención a las hermanas mayores y enfermas. Con este fin el ambiente de tranquilidad, bienestar y paz, propio de esta casa que reúne dichas condiciones gracias a su ubicación, con eficacia y cariño se ha podido brindar el cuidado que requieren, quienes han gastado su vida en el servicio a Dios y a los hermanos en la vida misionera.   De aquí viene el nombre que la madre superiora general sucesora de Nuestra Madre Fundadora: Ma. Teresa Botello Uribe le diera: “Casa del Tesoro”, sí porque el apostolado de las hermanas en esta comunidad es la obra de Misericordia: “Atender a Cristo sufriente en la hermana anciana o enferma” y el apostolado de las enfermas y ancianas, es amar y orar porque la situación que ahora viven es lo que les permite, todo para la Gloria de Dios y salvación de las almas.

     
     

 

 

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