Japon

 

 

Región de Santa María de Guadalupe, Japón

 

Se puede decir que la misión de Japón nace junto con el deseo de la Beata Madre María Inés del Santísimo Sacramento de fundar una congregación misionera. Ella desde el inicio pensó en éste país, por el sufrimiento que lo aquejaba a causa de la guerra y en especial por la bomba atómica que había hecho perder la vida a tantas “almas” que aún no habían oído hablar de Cristo.

Su gran celo misionero, unido a su prudencia y escucha atenta de buenos consejos, fueron encaminando el rumbo de esta fundación, por eso es que casi al mismo tiempo de recibir la aprobación pontificia de la naciente congregación misionera, ella envía a las primeras cuatro misioneras clarisas “Al Lejano Oriente”

     

 

Fue un día 12 de octubre de 1951, cuando las hermanas María del Dulce Nombre Arias, Beatriz Aguilar, Rosaura Rivera y Enriqueta Otero embarcaron, en el puerto de los Ángeles, para dar inicio a una aventura misionera, que hoy, más de 60 años después, sigue dando sus frutos.  En ese mismo mes, el día 23, llegaron al puerto de Yokohama, donde ya las estaban esperando.  Su destino final estaba en Hiroshima, pero; ¿alguna vez hemos escuchado el refrán “Dios escribe recto en renglones torcidos”? seguro que si… y en este caso se puede palpar, ya que aunque todo indicaba que las hermanas seguirían su viaje hacia el sur de Japón, por diferentes circunstancias se vieron obligadas a permanecer en Tokyo. Sin lugar a duda era lo mejor porque Dios a si lo había dispuesto para esta naciente fundación.

 
     

 

 

 

Estando en Tokyo, recibieron el consejo de permanecer en la capital e iniciar el estudio de la lengua, es por eso que obtienen el permiso del Obispo de Tokyo y se quedan en esa diócesis.  Los estudios los hacen en la escuela de los Padres Franciscanos, que ayudaban a los misioneros a aprender el japonés. Consiguen una casa donde vivir y de forma providencial conocen a un sacerdote franciscano que trabaja en un lugar llamado Ohinata, con personas, que al terminar la guerra tienen que regresar y refugiarse en un terreno donado por el Emperador, en las faldas del Volcán Asama.

 
 
 

 

Este Padre invita a las hermanas a compartir con estas personas, durante el verano, y es así como surge la primera labor misionera de estas hermanas, entre los japoneses. Básicamente su trabajo consistía en cuidar de los niños para que sus mamás pudieran ir al campo a trabajar.

 

Ohinata, es un lugar montañoso y árido, por estar a las faldas de un volcán, pero poco a poco se fue convirtiendo en un lugar habitable y fructífero, las hermanas empezaron a vivir en una casa prestada que se encontraba en  muy malas condiciones, con el paso del tiempo se logró comprar un terreno en Karuizawa y que no queda muy lejos Ohinata. La labor de la guardería continúo cerca de 60 años, y del trabajo y trato directo con los habitantes del lugar se obtuvieron muchos frutos espirituales, especialmente que familias enteras que recibieran el sacramento del bautismo.

El apostolado principal en esta misión siempre ha sido el trabajo con los niños, especialmente en kínder, guarderías, escuelas sabatinas o dominicales y catequesis, tratando de ver y formar a Cristo en cada uno de los pequeños que se evangeliza.

     

 

 

Nuestra Madre Fundadora desde el inicio de esta misión, acompaño a sus hijas en cada uno de los pasos que se fueron dando para su adaptación en esta cultura. En el año de 1953 por primera vez visita personalmente este país y la última la hace en el año de 1980 cuando ya se encontraba muy enferma. 

 
 
 
     

Actualmente estamos es cuatro comunidades: Tokyo que es la casa regional, Oizumi que pertenece al estado de Gunma y en el estado de Nagano una comunidad en Iida y otra en Karuizawa.   Los apostolados son especialmente en kínder, residencia para jóvenes y atención y formación espiritual de personas japonesas y extranjeras, en su mayoría latinoamericanas.

 

Se puede decir, sin temor a equivocarnos, que ésta misión es fruto de ir descubriendo en cada uno de los acontecimientos la voluntad de Dios, ya que es la herencia que nos legó nuestra de nuestra querida Madre Fundadora.

     

 

 

   

 

La primera comunidad se funda con la llegada de las primeras 4 misioneras clarisas a Japón, primero en un pequeño apartamento alquilado y con el tiempo se logró comprar una casa.  La labor apostólica de esta comunidad es la atención al Kínder (Misión Santa Clara), se tiene una residencia, Santa Elizabeth, para jóvenes que estudian o trabajan en Tokyo, además de la catequesis para niños y adultos se tiene la escuela sabatina y se trabaja en la iglesia de los padre Jesuitas ayudando en la formación espiritual de personas hispanoamericanas.

   
Comunidad de Tokyo
 
   
   

 

   

 

Es la segunda casa que se funda en la región, primero para la atención de los niños en la guardería de Ohinata y con el paso del tiempo, viendo la necesidad de la iglesia en Japón se abre una casa de ejercicios espirituales, para facilitar un lugar y un clima de oración y tranquilidad para todas las personas que lo necesiten.  También se tiene escuela sabatina, formación para los sacramentos de personas adultas y actualmente se atiende la dirección del kínder San Pablo.

   
Comunidad de Karuizawa
 
   
   

 

Esta comunidad inicia con una donación de terreno por parte de la compañía Sanyo con la finalidad de crear un kínder en esa localidad y así es como nace el kínder Santa Clara.  Las hermanas de esta comunidad además de la atención al kínder dividen su tiempo para atender a la formación espiritual de los fieles de parroquias vecinas tanto japoneses como extranjeros y atención de la escuela sabatina.

   
Comunidad de Oizumi
 
   
   
   

 

Esta comunidad también se dedica a la atención del kínder Santa Clara, además de la catequesis y atención espiritual de las maestras se tiene una escuela sabatina y se participa en las actividades y proyectos de la parroquia

   
Comunidad de Iida
 
   
   
     

 

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